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David Benioff y DB Weiss reconocen abiertamente que, al leer las páginas que George R.R. Martin dedicó a la “Boda Roja”, decidieron disponer lo necesario para conseguir los derechos de adaptación de la saga “Canción de Hielo y Fuego”.

La “Boda Roja” era un momento esperadísimo que los showrunners han sido capaces de ir presagiando y preparando gracias al tono de tragedia continuada que ha ido recayendo sobre Robb Stark, un líder victorioso en combate pero que nunca ha conseguido sacar tajada de las mismas y ha palidecido ante el soberbio arte de la intriga que distingue a su gran enemigo: Tywin Lannister. Por el camino ha perdido el control sobre su hogar ancestral y se han malogrado varias de sus alianzas. La esperanza de una nueva vida también le ha sido arrebatada en una noche que confiere nuevos significados al vocablo traición.

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La tragedia en “Los Gemelos” responde a la vileza y depravación del pérfido Walder Frey pero nunca se habría producido de no tener el completo apoyo y aliento de Tywin Lannister. La “Mano del Rey” llevaba tiempo armando una alianza que pusiera fin al periplo del “Rey en el Norte” y la inmejorable oportunidad se le presentó cuando Robb destruyó el pacto con los Frey al casarse con la joven Talisa. Desde ese momento, la caída del primogénito Stark empezó a gestarse y la culminación despiadada es la que acabamos de presenciar. Además, los vientos de la guerra ya no auguraban nada bueno para los lobos y las acciones desesperadas parecían ser la última opción posible. Ante una situación tan desequilibrada, las devociones se difuminan. Tal es el caso de Roose Bolton, aliado ancestral de los Stark, cuyo sentido común se acaba imponiendo al seguimiento incondicional de una bandera.

David Bradley, en el papel de Lord Walder Frey, sobresale especialmente puesto que demuestra perversión al observar a Talisa, la mujer que rompió sus planes, pero después oficia como perfecto anfitrión e incluso entrega en matrimonio a la más bella de sus hijas, Roslin, ante la sorpresa del propio Edmure Tully. Robb y Talisa disfrutan de su momento más bello y comparten la ilusión por la nueva vida que se gesta en el interior de la joven reina. El contraste dramático no puede ser más contundente a partir del momento en que unas puertas se cierran y la melodía que empieza a escucharse, “The Rains of Castamere” (una de las mayores piezas de victoria para los Lannister), hace que los sentidos de Catelyn Stark se pongan en alerta. Sensacional el momento en que Cat descubre la cota de malla bajo los ropajes de Roose Bolton.

Robb, por su parte, parecía estar tocando el cielo. Su felicidad era más que evidente y había restablecido los puentes de confianza con su madre. Pero, en un minuto, todo se desvanecerá y la mayor de las ilusiones se transformará en la más absoluta de las desgracias. Nos encontramos ante uno de los momentos dramáticos más brillantes de la ficción serial de los últimos años.

De nada sirven los gritos ni las advertencias a partir de este momento. Porque lo que presenciamos es una orgía de sangre cuya primera víctima, Talisa, provoca angustia al espectador por la brutalidad de sus numerosos apuñalamientos. Los supuestos músicos demuestran su enorme destreza como arqueros y los hombres de los Frey hacen el resto tanto en el interior de la sala como en los campamentos anexos. Walder Frey disfruta del momento al contemplar el último acto de su obra lúgubre.

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Michelle Fairley también realiza una interpretación espectacular trasladando a su personaje una gran fuerza y dignidad. Aunque nada de lo que Catelyn pueda pensar para salvar la situación tendrá esperanza alguna. Porque tal como Roose Bolton le recuerda a Robb antes de asestarle el golpe mortal, la escala de la conspiración sobrepasa a la visión a corto plazo que caracteriza el devenir de los Stark. La batalla se perdió hace largo tiempo, cuando la honorabilidad e ingenuidad de Ned Stark despertó al león de Roca Casterly.

El episodio también nos muestra la toma de Yunkai por parte de Daenerys Targaryen y su nuevo paladín, Dario Naharis. Pero tal acontecimiento, en el contexto de un capítulo tan emocional y dramático, se convierte en una entretenida anécdota. Más reseñable resulta la crónica de la huida final de Jon Snow que, por fin, puede dejar atrás a los salvajes para dirigirse hacia el Castillo Negro. La mirada de Ygritte al ver a Jon alejándose, a lomos de un caballo, escenifica, mejor que las palabras, cuan profunda puede ser la decepción al presenciar una traición. El joven bastardo no es consciente aún de la imprescindible ayuda que su hermano Bran le ha prestado al dirigir a los lobos huargos contra la horda de salvajes. Los poderes del niño siguen expandiéndose y queda claro que su destino le conducirá hacia logros místicos de gran relevancia. Se abre ante él un destino que le aconseja separarse del más pequeño del linaje, Rickon. Se rompe, de esta manera, la unión entre los dos únicos hermanos que seguían juntos.

Pero ambas tramas quedan superadas por el huracán sangriento de la “Boda Roja”. Si la segunda temporada tuvo su clímax también en el penúltimo episodio, con la batalla del Aguasnegras, ahora nos encontramos con un nuevo acto de violencia descarnada, más íntimo y cercano, que ha impactado a la audiencia mundial en su puesta en escena.