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Machine Gun Preacher está basada en la historia real de Sam Childers, un delincuente convertido en pastor que combatió con armas de fuego en Sudán para proteger a cientos de niños.

La primer parte se siente apresurada ya que necesitan mostrar el estado inicial de Childers (Gerard Butler), su transformación antes de viajar a África y convertirse en “El Pastor con Metralleta”. Cada escena inicial muestra un defecto diferente: Emocionalmente frío y abusivo con su esposa (la siempre sólida Michelle Monaghan), drogadicto, violento, asaltante y -casi- homicida. Desde el comienzo se hace evidente la falta de sutileza que dominará el resto de la cinta.
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Después de mostrarte lo muy malo que era antes de ser convertido -en la iglesia evangélica que asistía su esposa y su madre- vemos una innecesaria muestra de heroísmo para proteger a su familia durante un huracán.

En poco tiempo su negocio de construcción florece y Sam decide viajar al Continente Negro. Rápidamente descubre la horrenda situación vivida en el Sur de Sudan y decide construir un orfanato para albergar la máxima cantidad posible de niños.

La película es muy cruda: Se muestra reiterada y gráficamente a mujeres y niños mutilados, heridos de bala y hasta carbonizados. Está bien que se respete la veracidad de los acontecimientos y que experimentemos el mismo horror que el personaje. Pero la cantidad de estas escenas es excesiva y roza la porno-miseria.

De regreso a casa Sam decide fundar su propia parroquia y trata de conseguir fondos para su causa. La historia seguirá alternando escenarios entre Estados Unidos y África.

Cuando sufre en carne propia los ataques de las tropas de Sudán del Norte decide recurrir a las armas y combatir fuego con fuego.

Sus violentos métodos no son cuestionados más que por una doctora que asiste a un campo de refugiados. Más tarde ese personaje es rescatado por Sam, justificando así el lema del personaje principal “el fin justifica los medios”.

Pese a esta parcialidad de los cineastas, sí muestran la oscuridad del personaje cuando su frustración revive sus demonios del pasado. Es refrescante ver las consecuencias devastadoras de sus obsesión tanto en el plano familiar como el económico, en vez de la tradicional linealidad en la transformación de un héroe.

No es el tipo de película que despertará charlas cinéfilas ya que es aceptable tanto en lo técnico como en lo interpretativo. Los debates nacerán a partir de su temática y los cuestionables procedimientos del personaje central.

Lo mejor es sin dudas Gerard Butler, quien le ha sumado refinamiento histriónico al carisma e intensidad mostrados en ‘300’.

Lamentablemente, uno se siente golpeado con un martillo en la cabeza cuando se utilizan recursos tan manipuladores para comunicar un mensaje y arrancar emociones del espectador. La estructura se hace un tanto repetitiva entre cambios de escenario y la falta de resolución, aunque realista, no termina de satisfacer.

Muchos cines ya se han convertido en iglesias así que mejor esperas y miras Machine Gun Preacher en casa.

-Reseña crítica escrita por el hereje de Néstor Bentancor.

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